Apenas pasan las horas, y agrada decirle adiós al presente. Ya en la noche, la Luna me susurra al oído que existen esperanzas que no son sueños; esperanzas que caminan libres alrededor del mundo, que viajan desde calles parisinas hasta barrios madrileños; como una especie de espíritus que sólo habitan en mi mundo, que son idénticos a mi... los pensamientos de mi alma que no son yo.
“Vagabundean, respiran, golpean... Están siempre ahí, mi querido escritor” Me dice el gran astro. Y sé que es verdad, porque al despertar los sueños siguen vivos de alguna manera. Las esperanzas golpean o acarician la moral aun teniendo los ojos abiertos a la luz del Sol. Sólo hay que aprender a controlarlas, porque en cada esperanza existe un “te quiero” y en cada sueño existe un “no me llores”.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

También existe el temor a que sean destruídos.
ResponderEliminar