Envuélveme en tu locura, déjame navegar entre ríos de palabras y mantenme entre las notas de tu voz, como siempre lo has hecho. Hablábamos de lo que significaban las nubes en el cielo, de los colores, de los sabores... Intercambiábamos lo que sentíamos, discutíamos por la forma de la huella de nuestros dedos, y nos reíamos del tiempo al caminar bajo la lluvia.
Tú siempre fuiste los gritos, yo el silencio. Tú la palabra, y yo la poesía. Siempre fue así, siempre fuimos así. Mi yo interior te aceptaba, te veía, te quería. La mitad de uno siempre fue el sentimiento que reanimaba al otro.
Pero ahora siempre terminamos igual, ¿Verdad?
Una sonrisa dada por ambos, y... hasta más ver.

Mi yo interno ya no acepta más palabras, sólo un frío invernal que se derrite con la misma furia de antaño.