Tú, naturaleza, lloras sobre mi tendido cuerpo y me traes pasajes de una vida ya vivida. Traes ante mi la sombra del ayer, empapando mi cuerpo con las lágrimas de tu presente. Pero mentiría; mentiría como un idiota si dijera que jamás echaría en falta la ausencia del tiempo. Aunque con sus dientes nos arranque el alma a pedazos y nos haga vomitar la esperanza sobre el rostro de la persona a la que amamos.

Mientras, el frío entra en mi cuerpo, y el silencio continúa susurrándome al oído tu nombre, una y otra vez.